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Jesús, tu amigo y Señor

Jesús, tu amigo y Señor
Déjate fascinar por el Dios-hombre que muertra la dulzura de su Padre

CAPITULO XVI. Una inquietud. Del 18 al 24 de Abril de 2009

¿Mesías? ¿Enviado? ¿Signo de contradicción? Desde aquella mañana en que el anciano Otoniel "metió la pata" en la madera, mi corazón se quedó inquieto. Aquella voz que oía en la adolescencia llamándome y "algo" que reclamaba en mi la atención, fueron ceciendo cada vez más. ¡Ahora el anciano despertaba inquietudes!
El Mesías era un hueso duro de roer en nuetro pueblo. Muchos pensaban en él como un guerrero, pero en el fondo, él era el restaurador de la gracia frente al pecado hecho por el pueblo y su monarca David muchos años atrás. Durante muchos siglos, el actuar de nuestro pueblo ha sido de continua aversión al amor de Dios y la elección que él hizo sobre Israel. En estos siglos, el pueblo se ha querido alejar siempre del corazón de Yahvé pero Abbá ha sido Padre y Madre aún en los peores momentos. Nunca ha quebrado su fidelidad y su amor para con nosotros...
Los Nebiim y Ketubiim nos hablan abundantemente de esta restauración del amor de Dios para con nosotros...¡Qué difícil es amar a Dios! pero no porque él no se deje amar, sino porque la condición humana está fracturada; muchos sentimientos están dañados cuando sacamos a flote los vicios, nuestros odios...no miramos la bondad, ni lo bello que hay en nosotros. Tu verdad ¡Oh Padre! es única, insondable. Mientras más ahondamos en tu razón, tu amor brota por todos lados...

"Mira allí a tu pueblo Yahvé,
mira cuánto ha sufrido a manos de tantos pueblos fuertes;
sirios, tirios, filisteos, babilonios, asirios, egipcios
griegos, romanos. Hemos sufrido mucho en sus manos; sus armas
nos han puesto contra el piso; nuestra mujeres gritan por sus hijos...
muchos claman por Dios; otros dicen que es un castigo...
pero el peor castigo es la maldad humana que carcome el alma.
Nos hiciste buenos, a tu imagen. Pusiste en nuestros corazones
lo mejor de ti y previendo nuestra debilidad, dispusiste que
tu Ruah permaneciera en nosotros para salir al paso de tanta
mezquindad.
Mesías Abbá!...volver los pasos a ti, buscar tu rostro siempre Yahvé...
sentir que somos más tuyos que nuestros; sentir que somos liberadores
desde dentro si sacamos nuestras miserias...
Encontrar tu raíz porque tú eres nuestra raíz de dentro;
sentirnos libres ante la maldad; que ninguna mano nos sujete;
que ningún bozal nos calle y ninguna moneda compre nuestra alma."

Esta oración brota de mis labios, mientras pienso en esta inquietud que embarga mi alma. Vrias personas han hablado de mi y me han dicho expresamente que algo distinto respiro yo. Que si bien es cierto que soy joven como los otros, la forma de actuar, de pensar y de hablar, no es la misma que otros. Mi forma de ser, se distancia cada vez más de los otros, pero "Eres tú, Yahvé, quien guía mis pasos".
tengo que retomar las antiguas promesas de Yahvé y mirar atrás en los profetas. "Tu Palabra, Abbá, está regada a lo largo de nuestra historia".
Me sonrío porque tu elección está sobre nosotros.
Mesías, unigdo, enviado. aunque son palabras profundas, sabes Padre que soy tu siervo. Y "aquí vengo para hacer tu voluntad".

CAPÍTULO XV. Facetas de la vida II. Del 11 de Abril al 17 de Abril de 2009

Al día siguiente, me levanté temprano como a las cinco de la mañana.
Adelantarse al sol es un buen reto para hacer tareas y llenar nuestros corazones con cada relación humana que tengamos. Pensaba que mi madre aún dormía, pero vi la luz del candil en la cocina. Estaba allí arreglando las cosas. Esto era una excusa para ella, puesto que mi padre José y ella, compartían una de sus cualidades que era el orden y la limpieza. Repasaba una y otra vez el orden de los pucheros, de los utensilios de la cocina...espantaba los animales que de noche se alojaban en la casa...revisaba el almacén de alimentos; los frascos, los envases, las carnes de cordero, etc. la ocupación de la limpieza y orden corría ya desde temprano desde su cuarto, a la cocina, al bano, a los otros cuartos, a los pasillos, al patio...en cuanto al mío, esperaba que yo estuviera en el taller para asear todo.
alguna que otra vez se quejaba de mi orden y limpieza, pero le decía dulcemente que eran ella y José quienes me habían enseñado. Poco a poco fui dejando cosas desordenadas para que ella sintiera el orgullo de ordenar el cuarto de su hijo amado. "Madre hermosa, madre servicial; madre que se pelea por ser la esclava...Padre mío, realmente te has enamorado de la más dulce criatura que ha salido de tus manos".
A esa hora me dirigí afuera. Agarré el aguamanil y me aseé la cara, la boca, mojé mi cabellera y barba, en fin, me refresqué. Dejé bien ordenado todo para no provocar más trabajo a mi madre y tomé la calle en dirección a aquella loma que era, muchas veces, confidente de mi encuentro con el Padre. Ofrecí alabanza a él con salmos y dándole gracias por nuestro pueblo, me dirigí al taller para comenzar la faena.
Extraño fue el primer trabajo que tuve que resolver desde temprano: entre médico y carpintero, recibí al abuelo Otoniel que vivía a 200 metros al sur de nuestra casa. Atendía a los animales, dándole comida y al pisar una caja de madera, estaba tan podrida que su pie traspasó una pieza y se quedó atascada en su tobillo...llegó como pudo al taller para que lo ayudara...
Otoniel era muy amigo de mi abuelo Joaquín...ambos habían servido en el templo y mchas veces había venido a casa para pasar el día con nosotros...decía que la pasaba muy bien como en su casa. Lo mandé a sentar, miré la pieza y muchas astillas aprisionaban su tobillo. Lo primero que hice fue alejar esas astillas y luego proceder a quebrar la pieza evitando el menor daño para el anciano. Después de verse libre, me agarró la cabeza con sus manos temblorosas y llevó mi frente a su boca para darme un beso..."Yahvé te bendiga siempre. Jeshua". Prosiguió sus palabras y me dijo: "Sabes Jesh? decimos que Dios no tiene rostro y mucho menos un rostro humano, pero las veces que te miro a la cara y más, cuando eras adolescente, algo me palpita en el corazón diciéndome lo especial que eres. ¿Te sabes la historia del anciano Simeón cuando te recibió en el templo?"
Inmediatamente recordé el cuento que mi madre me hacía cuando tuve diez u once años. Aún así, para oir de su boca una vez más la versión, le dije "No, venerable Otoniel", porque le veía el deseo de querer contarme algo...lo dejé hablar.
"Tu madre, María, te llevaba en brazos. Se veía ¡bueno pues!, super feliz contigo. Al momento de entrar, fue José quien te agarró y te pasó a los brazos de Simeón. Te descubrió la cabeza y se impresionó de lo blanco que estabas...pero no era un blanco de piel, ¡no, no, no, no! era un resplandor que había en ti. Era algo distinto. Hasta llegó a oirse el comentario de que sólo dos hombres tenían ese resplandor: Moisés y Elías. Ambos habían sido transformados por Yahvé... pero tú, Jeshua, tú estabas alumbrado por su presencia; hasta alargaste las manos en señal de súplica para unirte a la plegaria de Simeón...¡oh sí! lo recuerdo bien...Hace unos cuantos años y si mal no recuerdo, tienes veintiún años. ¡Hace veintiún años!..."
Mientras él hablaba, algo distinto se operaba en mi interior. Un suspiro profundo que llenaba mis pulmones queriendo absorber toda esa experiencia. ¡Qué distinto es sentir ser Hijo de Abbá a oir el cuento de boca de tantos ancianos y ancianas que esperaban la Gloria de mi Padre en estos tiempos!.
Seguí prestando atención a Otoniel...
"Simeón, elevó una súplica al buen Dios...Ahora Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz...Sí, Jeshua. Simeón era un siervo fiel, ¡un santo! y él fue guiado hacia ti....!suena raro!, Jeshua pero entre tantos ninos que fueron presentados, sólo y sólo a ti fue a buscar...¡fue como un autómata en dirección a ti!...
Luego Simeón prosiguió: "Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos, luz para alumbrar a tu pueblo y gloria de tu pueblo Israel".
¿Sabes Jeshua? Simeón tan viejo, se estremeció. Se puso a llorar porque llegaba la liberación de nuestro pueblo. Muchos se le quedaron mirando porque sabían que él y Ana, e igual que Zacarías, eran visitados por Yahvé. ¡Eran privilegiados, si Señor! José y tu madre se miraron a los ojos y se quedaron mudos. No comprendían nada - lo dice en voz baja - pero nosotros tampoco comprendemos mucho de las cosas de Dios...
dime Jeshua...¿Eres tú el elegido por Dios?
Me levanté bruscamente y me quedé mirando el amanecer puesto que ya salía el sol...fue un silencio largo...detrás de mi oí los pasos lentos de Otoniel, al salir del taller...

CAPÍTULO XIV. LAS FACETAS DE LA VIDA. (04 de Abril 10 de Abril de 2009)

Y después de muerto José se preguntarán qué he hecho yo en la vida?
Para empezar, te diré que los hijos de José: Santiago, Judas, etc ya con familias, partieron de casa de mi madre...nos quedamos solos...José era el vínculo de unión entre nosotros y aunque a María le llamaban MADRE, ellos lo hacían por deferencia con José...
Yo, con cierta tristeza, empecé a organizar el taller. Tampoco estaba tan desarreglado; como dije antes, José era muy cuidadoso hasta el final de su vida en la clasificación de la madera y de las herramientas. Ésto me provocaba un gran reto porque tenía que probar a mis veintiún años, sólo, sin José, que mis trabajos eran de la misma calidad que los que hacía José en su tiempo. Al respecto, aunque todos me conocían como Jeshua, o Jesh, siempre habían visto que mi padre me mandaba era a la entrega de las piezas...yo las cargaba, las montaba en un carro que pedíamos prestado al que siempre llamé tío Jacob e iba a las distintas casas; pocos me habían visto trabajar la madera salvo las amigas mías que se acercaban mucho por el taller. Yo había hecho piezas de menor tamaño pero las obras de arte y piezas de estilo, corrían a cargo de José, mi Padre.
Entonces mi problema era recuperar los clientes de mi padre y para eso reuní un día, en la tarde, al caer del sol, a mi madre..."Madre, aunque tenemos un poco de dinero que dejó José, es necesario que confíes en mi y en el trabajo, pero necesito que me hagas cierta propaganda para mantener a los cientes y buscar otros...". Tú conoces a la gente y aunque muchos comprenden nuestra situación, saben que nos estás sola pues me tienes a mi, pero precisamos ganarnos el pan con el trabajo. Ella, con sus ojos tristes, pero cara sonriente, dejó ver la certeza de mis palabras y me respondió: "Sí hijo, entiendo. Ahora eres mi hombre; siempre lo has sido. He sentido tu brazo fuerte como el de José. Nunca he dudado de tí. ¡Ánimo! organiza todo y yo me encargo del resto.
Con un beso que le di en la frente y ella, correspondiéndome, me besó las manos, se levantó para aclarar su voz y cambiando el tema, me ofreció una manzanilla que había preparado para estas horas. Era relajante tomar con ella una deliciosa manzanilla. Más que la bebida, su paz y tranquilidad hacían que me sintiera tan bien, como cuando era niño y me agarraba entre sus brazos y me soplaba los cabellos, además de las tantas cosquillas que me hizo...recorría mis brazos con sus manos y mi cuerpo, intentando reconocer cada parte de mi, recordando aquella promesa de ser madre del hijo de Dios...poco a poco lo sentía con más fuerzas en mi vida...
Una vez más, contemplábamos la noche en su silencio, y ese silencio embriagador de nosotros dos, criaturas, formando una familia, una especial familia.
Ya para las diez, María, cansada, prendió otro candil del que estaba en la mesa y se dirigió a su cuarto, dejando en el aire un suspiro de soledad...sólo brotó de mis labios un..."Abbá te bendiga, Madre". Ella, gentilmente me respondió: "Dios me ha bendecido en tí, Jeshua"; yo, viendo que era ´temprano aún, salí al patio cuya vista daba a una loma del pueblo y allí me quedé en paz con mi Padre orando, escuchando su voz, dejando que él me abrazara...
Después de unos cuantos minutos en silencio, las palabras fluyeron de mi: "Abbá, Padre mío. Gracias por estar en mi...gracias porque me amas desde antes de la creación. Esta vida humana te la ofrezco por todo el mundo entero. Es difícil para muchos ser humanos; somos razas con tendencia a la división, al odio...es una locura Padre, ver, cómo muchos anteponen sus intereses al hermano; cómo muchos buscan satisfacer tantos deseos sin mirarte a ti como la fuente de donde salen todos los beneficios..." tantas palabras, amigo, que salen de mis labios...tantas cosas por decir pero tantas para hacer y cumplir tu voluntad...todo está por comenzar...cada día es un reto para el cumplimiento de tu voluntad...
Guía mis pasos, Padre. Camino a la luz de tu presencia pues me has dado a participar de esta experiencia de vida".

CAPITULO XIII. UN ALTO EN LA VIDA (Del 28 de Marzo al 03 de Abril de 2009)

...Después que el carpintero del pueblo - así lo llamaban - se fue, mi madre asumió una actitud de mayor introversión...los animales que estaban en la parte de atrás de la casa le sirvieron para "digerir" su soledad y su silencio...mientras los atendía en la limpieza y la alimentación, se sumía en sus pensamientos y supongo, los recuerdos intensos vividos años atrás con ese gran hombre.
¿Qué si hablaba sola? ¡No, ciertamente no! pero su mirada y su rostro reflejaban tristeza... compartir la vida con otros y más cuando se es apoyo, es una experiencia maravillosa pero muy triste cuando hay que hacer la partida de alguno de ellos...
Una tarde la vi llorando mientras preparaba el guiso del mediodía...en algún momento la vi haciendo una caricia al aire...por el gesto comprendi que recordaba a José puesto que el gesto era como de acariciar su barba...yo sentí tristeza porque también presencié bastantes veces esas caricias, ese cariño, ese amor que crecía con el tiempo...José, ya lo dije, era un puntal de fortaleza para nosotros pero ahora no estaba y era preciso seguir adelante...
De la misma forma como mi madre era débil, también era fuerte para animar a otras amigas vecinas que se habían quedado viudas...
Lea, que había quedado viuda a los siete años de estar casada; planearon su descendencia pero su marido, Ben Zacharías, enfermó de algo que dijeron era una peste de animales que él intentó curar en casa de sus tíos. Fue una enfermedad dolorosa. Lea no quiso saber más nada del mundo y mi Madre la alentó con sus palabras además de que mucho tiempo la ha alimentado.
Zilpa, quedó viuda cuando tenía sesenta años. Zilpá sabía tejer muy bien hermosa mantelería. Muchos la apreciamos; hace bellezas con sus manos. Mi madre la acompaña en las tardes para hacer las alabanzas a Abbá, mi Padre.
Bilaa, es otra viuda bella en nuestro pueblo. Algunos cuñados suyos la quisieron reclamar según la ley de levirato pero ella se ha opuesto. Aunque debe acatar la ley, los cuñados han respetado su voluntad porque es muy querida. La mantienen muy bien y forma parte de la familia. Bilaa se acerca en las mañanas a nuestra casa y conversa con mi madre de cosas pasadas y se enfrascan recordando a sus maridos y resaltando sus grandezas como hombres y esposos.
Osnat, es la viuda más desdichada del pueblo. Una noche fue avisada de que su esposo Joel, había sido encontrado muerto en el portal del pueblo. Salió presurosa y nosotros con ella después de los gritos agudos de dolor que se oyeron aquella noche y al llegar allá Joel estaba boca abajo: sangraba por los oídos y la boca; tenía la lengua aprisionada entre los dientes y parecía hinchado...algunos hombres vieron que otros dos se habían acercado a él para golpearlo pero se revisó en casa su cuerpo y no se encontraron restos de violencia. Tenían catorce años de casados. Osnat parecía fuerte al principio, pero después de ocho meses empezó a enfermar y mi madre avisó a sus parientes.
Yael, al contrario no le afectó mucho quedarse viuda, quiero decir a nivel espiritual. Concordaba mucho con María mi madre, en esto de tener confianza y fortaleza en Yahvé. También su historia es triste y como decimos, parece obra del demonio. Yael se quejaba porque su marido no era prudente al limpiar la maleza de los patios que tenían en su casa...una noche ella gritó muy fuerte y todos nos espantamos. Como siempre, ya que el pueblo era relativamente pequeño, nos dirijimos hacia su casa...se nos tiró en los brazos y nos contó que mientras dormían, Ezequiel su marido, había sido mordido por una serpiente roja, negra y blanca...solo le dio tiempo para agarrarla y estrellarla contra la pared...al punto, se desmayó y ya no volvió más en sí.
Como puedes ver, cada vez que hay una desgracia, se recuerdan todas de un solo tirón hasta que la vida va haciendo acomodo en el día a día de lo cotidiano. Lo bueno de todo es que los sentimientos sirven para hacer de soporte unos a otros en esta faceta que llamamos muerte y que no sabemos asumir del todo. Aun así, queda Abbá mi Padre, sabio en sus decisiones y presto a hacernos volver a su presencia; lo demás, es como dicen, un mero ejercicio de emociones en las que se entrelazan, afectos, odios, luchas, sentimientos y salimos airosos cuando comprendemos que en Abbá está la fuente viva y su luz nos hace ver la luz.

Capítulo XII. Una vida que mengua (2da parte). del 20 de Marzo al 27 de Marzo de 2009.

Te sigo contando lo de mi padre José...
¡Cuántas veces no me robó el tiempo para mostrarme el camino a mi Padre! "Jeshua", me decía, "te enseñaré un camino de luces y de paz que te conduce a Dios tu Padre". Continuó una historia que yo me presuponía, pero de la cual aún no estaba seguro hasta ahora. Sus palabras, como ahora - de eso hace ya 11 años, cuando yo tenía diez - sonaron como un canto en un pozo profundo. Me dijo lo siguiente: "Jesús, hijo, te contaré una historia de la cual te vas a extrañar mucho pero es la verdad de mi corazón"...en un gesto como de adulto, me monté a una silla y luego encima del mesón que allí había y le extendí los brazos como queriéndole agarrar la barba para hacerle caricias...él, por su parte, agarró una silla y la invirtió para sentarse encima del espaldar y quedar a la misma altura que yo...
"Jesús, antes de que nacieras, yo era un hombre mayor, con los hijos a quienes tú llamas hermanos. Ellos son hijos de otra mujer porque antes de tu madre, hubo otra mujer que ya murió..." Yo lo miraba sin entender pero él me dijo: "Te lo voy a explicar mejor".
"Yo tenía mi casa con mis hijos y mi esposa había muerto años atrás. Un día los sacerdotes del templo me llamaron por medio de los herodianos; además, convocaron a los jóvenes de la ciudad y también a aquellos que aún teniendo su famlia, habían perdido como yo a su mujer. Yo me presenté al templo. Joachim, sacerdote amigo del templo me explicó qué pasaba. Tu madre María tenía 13 años y debido a esa edad - la edad en la que le vino las reglas - debía ser entregada a un hombre para formar un hogar. Se formó un revuelo porque ella apeló ante el sumo sacerdote su voto de virginidad. Ellos le explicaron que no podía permanecer en el templo por más tiempo así que debía ser entregada en compromiso a un hombre justo de Israel.
Pues bien, aquel día nos presentamos muchos y la exigencia era entregar nuestros cayados. Yo lo entregué pero en medio de esa especie de ceremonia, me sentí mal interiormente y sin que nadie notara, me fui casi avergonzado por tener que "competir" por una doncella.
En la tarde me enteré que los sacerdotes esperaban una señal de parte de Yahvé pero nunca llegó. Se enteraron que yo me había ido porque mi cayado aún permanecía en el templo. Al día siguiente me mandaron a llamar y cuando me entregaron mi cayado, resulta que una paloma empezó a revolotear por el atrio del templo y algo verde empezó a brotar de la parte superior de mi cayado. Como hipnotizado, vi que de eso verde a su vez se desarrollaba un color blancuzco que no lograba entender. Mientras me fijaba en eso, Joachim y otros sacerdotes más, me dijeron que yo era el elegido por Dios. Me negué alegando mi edad y mi familia. Joachim me recordó no rechazar la voluntad de Dios.
Pedí tiempo para construir una pequeña casa para ella, alejada de la mía y así poder ella cumplir con su promesa a Dios mientras que yo la atendía. Los sacerdotes accedieron...". Ese cayado lo tengo en el taller y es el que has visto muchas veces con tres lirios en su punta.
Yo, sin decir nada -, ¡Cómo iba a decir algo a los 10 años!, lo oí atentamente y sólo se me ocurrió preguntarle simplemente: "Papá, ¿qué es la voluntad de Yahvé?. Lo dejé aún más pensativo porque pensaba que le iba a hacer más preguntas acerca de lo que pasó pero no. Se quedó pensativo y me respondió:
"¿Qué es la voluntad de Dios? Josh...si logras entender esta otra historia, entenderás qué y cuál es su voluntad...
Habían pasado dos años desde aquello. Tu madre tenía ya quince años. quizá dieciseis. Ese día regresaba del campo. Estaba acompañando a mis amigos y algunos que hoy llamas tíos. Tu madre y yo, según la ley, estábamos comprometidos, pero ese día, al entrar a casa de tu Madre María, había un silencio como un sepulcro. La piel se me erizó toda. Mis pies se hicieron pesados y logré llegar a donde estaba tu madre. Ella, sentada en el piso de su cuarto, recogidas sus piernas hacia atrás y con las manos entre sus vestidos. Tenía una cara como de haber visto algo fuera de este mundo..." ; Yo lo interumpí preguntándole ¿cómo qué José dime? Él siguió: "No sé Hijo. Era diferente: iluminado su rostro pero triste, sombría. Me contó lo sucedido y como cualquier hombre herido, salí corriendo de allí, furioso, confundido..."
Yo no le entendí nada pero busqué su cara, intentando hacerme uno con él. José no lo había notado pero asumió aquellos sentimientos de hace muchos años...le pregunté con mi fina voz: "¿Qué pasó José? ¿qué te pasó?
"Recuerdo que corrí hasta el campo descubierto y la rabia hizo que me sentara debajo de un olivo, aguantando las ganas de llorar".
Aunque mi edad no me permitía razonar mucho, le dije... "José, mira. Las cosas de Abbá las conozco muy bien. Él se fija en todos los corazones y elige de entre ellos a los que pueden resistir una carga y un misterio que ha de perdurar en la eternidad". Se me quedó mirando en aquella oportunidad y sonriendo me dijo: "¿Eres tú Jesús mío? ¿Sabes lo que dices?. Le respondí "Sí. Mi Padre Dios te eligió para ser mi padre aquí en la tierra y aunque tú sentías que todo estaba perdido, él te habló al corazón para mostrarte lo oculto a muchas mujeres y hombres que deseaban ver ésto por lo que tú pasaste"... Se arrimó al mesón donde estaba sentado y me agarró entre sus fuertes brazos y en el silencio, me besó quedándose callado por un momento.

En ese momento, hubo un gritó en la casa...Los Sacerdotes que habían venido a la casa, dieron un grito de dolor y fue cuando el ensimismamiento que tenía llegó a su fin. Supe que José entraba en agonía; me acerqué. Su pecho ya no se expandía y su rostro era pálido. Mi Madre me miró de reojo, llorosa. Hizo un camino para acercarme a la cabecera. Recuerdo que mis lágrimas rodaron por mi cara de forma copiosa, pero mi pecho respiraba tranquilo. Eran sentimientos encontrados como hace rato: tranquilidad y paz, pero dolor de verlo irse...me arrodillé y lo besé en la cara y en la frente...aspiré profundo hasta donde lo permitían mis pulmones y me estremecí como un niño. A la par, José expiraba, ladeando un poco la cabeza hacia mi y dejándonos para irse al lado de mi Padre Yahvé.
Mi último gesto como hijo agradecido fue besarlo una vez más y quedar mi cabeza recostada en su pecho, dándole gracias por todo lo recibido de él. En la casa se sintió una brisa fresca y agradable, signo del paso por la vida.

Capítulo XI. Una vida que mengua. (1ra parte) Del 12 de Marzo al 19 de Marzo de 2009.

Hola..estoy de nuevo contigo...gracias por dejarme entrar en tu vida.
En el capítulo anterior te he contado cosas de mi vida. ¡Por supuesto que hay muchas más! pero supongo que para no aburrirte dejo tantas escenas que llevo aquí guardadas en el corazón y te permito que tú también puedas contarme cosas que de seguro querrás compartir conmigo...
¿Sabes? Cercano a ese cumpleaños que te conté; a mis 21 años, José, mi padre y el mayor de los carpinteros, se sintió mal una mañana del mes de Marzo. La posición en la cama le había hecho enfermar más de los pulmones, amén de que el serrin, como te digo, ya había hecho daño. Se fueron consumiendo sus carnes pero mi madre, que por cierto aún era una hermosa joven de 36 años, lo atendía con desconsuelo y preocupación. Los hijos de José, que eran de la casa, corrían buscando cosas y nos ayudaban en la atención de este hombre que lo había dado todo...recuerdo que ese día había tanto barullo en la casa que yo me quedé absorto, arrinconado. Ustedes en el presente usan una expresión que puede definir lo que me sucedió: "Se me fueron los tiempos"...sin quererlo, se me quedó fija la mirada, justo desde donde yo estaba.
En una sala que el mismo José había construido para estar juntos, distinta del resto de las salas y quizá aislada de la casa, los hechos pasaban por mi mente a pesar de que veía el corre corre por la atención hacia José...
Explicarte qué me sucedió, quizá no pueda, pero me entró una depresión saber que no podía hacer nada por él...que algo me decía que ya era su hora; que no me preocupara por él, puesto que Dios Padre lo reclamaba y otros sentimientos, chocaban fuerte en mi cabeza y en mi corazón, acompañados de fuertes latidos de corazón.
Además de ello, se me amontonaron recuerdos, viviencias...por ejemplo, cuando tenía cuatro años, logró hacer rampas para que yo no tuviera problemas al entrar en algunos lugares de la casa que, tenían desniveles muy alto para mi edad; en esta edad, también gozaba hacer de "caballo humano" paseándome por la casa y durante un buen rato jugaba conmigo...eso me llenaba el corazón de alegría...sin contar las veces que solté risas por sus tantas "morisquetas".
Otro recuerdo bello para mi es ver cómo él, en cierto modo, se peleaba con mi madre, para darme la comida...yo, por supuesto inocente, me identificaba con él porque, mientras mi madre me sentaba en una silla que él mismo José había hecho para mi, él me sentaba a la mesa, del lado izquierdo suyo, y repartía una cucharada para él y otra para mi...¡Claro!, María servía un plato generoso y casi "rabiosa" se daba por vencida e iba a comer en la cocina...
Una vez me llevó casi corriendo a la cocina mientras mi madre estaba asustada. Resulta que en uno de los descuidos de José, yo volteé el plato de comida sobre mi túnica y me ensucié todo...¡menos mal que José enfriaba la comida antes de dármela! pero fui un completo desastre...el almuerzo terminó en limpieza...
José era un buen Padre...al estilo de Dios mi Padre...era hacendoso...nunca faltó a sus compromisos; siempre se levantaba temprano, casi compitiendo con mi madre por ver quién alababa a Abbá ya desde el alba. Nunca vi en el taller desorden de las piezas de madera o de las herramientas, especialmente las que implicaban un peligro para mi; José tenía una voz fuerte pero en la familia, su voz nunca fue la de un hombre altanero...competía también con mi madre en dulzura...aún de manos fuertes, sus caricias eran dulces como las de mi Padre Dios y lo que más me encantaba era cuando me alzaba con una mano que ponía sobre el pecho para hacerme sentir que volaba. ¡Tantas veces que oía los gritos de mi madre!: "José, estás loco? Mira que se te puede caer el muchacho. Bájalo ya de donde lo tienes, no vaya a ser que suceda algo inesperado"; "María por favor"- decía él con toda tranquilidad -, "mientras yo lo sostenga, no pasará nada". Ella volteaba angustiada pero a la final, sonreía porque en el fondo reconocía que su vida se había sentido fuerte en él.
La cantidad de veces que vi a José, porque lo acompañaba, ir a donde las viudas para reparar sus cosas. Cumplía con fidelidad la Torah; Yahvé mi Padre lo escogió entre todos por virtuoso y justo. En él, la fidelidad ha sido una pieza fundamental. Pero no sólo era con las viudas sino con todos...inclusive en dos ocasiones José puso sus anchas espaldas para proteger a un joven que desde el caballo iba a ser azotado por un soldado romano. José tenía un corazón grande, amaba y lo amaban...

CAPITULO X. Mis secretos (3ra parte). del 4 de Marzo al 11 de Marzo de 2009

Pues sí, amigo...Séfora...esa chica robaba el corazón...te diré más...quizá fue el anticipo de lo que me sucedió varias veces y tiempo después...ésto sucedió antes de que se fuera...
En un día caluroso del mes de Agosto, estando yo en la carpintería, Séfora se había acercado, como siempre, en secreto. Yo ya reconocía la forma en que llegaba y dónde se colocaba para mirarme...tenía hábitos predecibles...
Estaba yo realmente cansado, sudoroso...había trabajado sin parar en unas mesas que debía entregar cuanto antes...pero ella, como a las siete de la tarde, llegó al taller con una fuente de agua...sin preguntar, me separó de la mesa de trabajo, me arremangó la túnica - que de hecho tenía arremangada - me descubrió el pecho y se agachó para remojar una pequeña toalla...me limpió el pecho, los brazos, el cuello...se acercaba demasiado y olía su cuerpo...estaba perfumada y los cabellos negros le caían en sus hombros...luego siguió con la cara y los cabellos...me besó en la frente, en la nariz, en la comisura de los labios...tenía un rostro resplandeciente...estaba contenta; su cuerpo respiraba el silencio que solo las mujeres saben guardar...terminada su labor se retiró a casa...y yo, me quedé sin fuerzas, obnubilado por lo sucedido...me senté y respiré hondo pensando qué había pasado y me quedé con la alegre impresión de su cara y su olor...no sólo lo hizo ese día...hubo oportunidad para otras tres veces...
Cambiando de tema, me encantaba los niños. ¡Uf! Eran la bendición de mi Padre Dios en nuestro pueblo. Joachim - como mi abuelo - era uno de los más tremendos; pero había otros: José, Leví, Rubèn, y otros tantos...corrían por todos lados y parecían una amenaza para los abuelos, pero también para todos aquellos que no estaban pendientes de las esquinas ni de las calles del pueblo...salían corriendo o tirando cosas al aire que pronto pegaban en las cabezas de los mercaderes que despotricaban contra ellos...
Los días libres en que no tenía trabajo fuerte, iba haciendo juguetes grandes, como potros para que saltaran sobre ellos...muchos gritaban como sus padres, que esos caballos servirían para luchar contra los paganos romanos que invadían nuestras tierras...me decían: "¿Joshua, podrás hacer para nosotros espadas y escudos?", sonreía y les decía que tenía algo mejor...con ayuda de mis amigos, contruímos a las afueras del pueblo unos pasillos de madera y hierro como túneles y unas especies de planchas altas muy bien pulidas para que se lanzaran y cayeran en una piscina de paja que los mayores se encargaban de renovar...era casi una alegría verlos juntos, pero realmente a la vez, era una descanso porque ya las mujeres se quejaban de los cántaros rotos, producto de sus correrías y empujones...
Tenía 21 años...Era Marzo, comienzo de la primavera...mi madre, para recordar mi cumpleaños preparó unas deliciosas tartas de moras. Sabía que no necesitaba invitar a nadie porque más bien era raro que la casa estuviera sola...si no eran las mujeres que hablaban con mi Madre de costura, bordado o cocina, eran los ancianos de Israel que visitaban a José, mi padre, que además de anciano, estaba muy enfermo...padecía de dolores intensos de huesos...
Ese día como te digo, mi madre se levantó temprano para limpiar atrás, en el solar de la casa...me extrañaba que varias chicas estuvieran con ella sin embargo, después de mi habitual oración a Abbá, me fui al taller...con la claridad del día empecé mi faena mientras pasaban las horas...el día no tuvo mayores misterios hasta llegada la tarde...eran las seis de la tarde y el sol aún brillaba. empezaron a oirse los gritos de mis amigos... distinguía claramente a Benjamín, Santiago y a las muchachas que se acercaban a la casa...los muchachos como siempre me hicieron un asalto y gritaron: "Feliz cumpleaños" y, cargándome en brazos me llevaron hasta los toneles de agua que teníamos para las bestias y allí me tiraron para "restregarme" del sudor del trabajo...
Ya Abigaíl me traía unas toallas para cubrirme y secarme. Esa tarde - noche fue deliciosa, como muchas tantas en las que me sentía amado por mis amigos, por mi familia y en el silencio de mi corazón daba gracias al Padre por experimentar esta humanidad, la amistad y por supuesto, la presencia en la alegría...en esa noche conocimos de unos cuantos compromisos entre mis amigos y amigas...

Capítulo IX. Mis secretos (2da parte). Del 26 Febrero al 03 de Marzo de 2009

Muchos piensan que mi infancia, adolescencia y juventud por ser Hijo de Dios, no tuvo esas travesuras y aventuras que todos tenemos...¡vaya!, de la misma forma que muchos piensan que no lloré o me reía en la vida...¡incontables son los momentos!
Ya te he contado las cosas de mi mamá...las veces que me corté los dedos por meterlos donde no debía; o las veces que venía llorando a donde José, mi padre o María, mi madre para mostrarle mis manos y descubrir que lo que me dolía eran unas cuantas astillas de madera que me había hincado...o las veces que hasta los diez años, corría como loco con tan mala suerte que mis túnicas y mis rodillas se rompían...
Al principio todos se preocupaban, pero ya mis padres ni mis abuelos se preocupaban...era casi seguro que había sangre pero más bien se reían porque siempre me decían que tenía un gusto por el piso...
También estaban las más sorprendentes: cuando mi madre se descuidaba, le quitaba un ánfora, la llenaba con el agua sucia del abrevadero de los animales y me iba escondido al patio. Mezclaba barro con la paja que encontraba y hacía unas hermosas palomas que parecían gallinas y codornices y salía gritando a donde estaba mi madre para regalárselas. Ella, en los primeros momentos se asustaba, pero también, como en otras cosas, me dejó tranquilo - aunque me tenía un ojo puesto -.
Todo ésto va llenando el existir ¿sabes? y me encanta decirlo, porque todos tenemos experiencias que contar...todos nos parecemos, en especial la frase que me gusta mucho decir: "vivimos en un mundo en el que corremos por la vida en presencia de Dios Nuestro Padre"...él mira con ojos de bondad las cosas que le agradan a su corazón pero también mira aquellas que nos apartan de él y con hilos de msericordia, cierra muchas veces sus ojos y otras veces nos mira de reojo para que sepamos que él quiere algo mejor de nosotros...
Llegados ya a los dieciocho años, sentíamos la presión en el pecho porque ya no éramos los chicos de antes. Veía a mis amigos más maduros.
Nos había cambiado la voz de forma total, la barba y bigotes iban saliendo. Los vellos salían en todas partes del cuerpo y la cabellera cada vez más larga. Nuestros cuerpos no eran los mismos, inclusive ya mi madre María no me acariciaba de la misma forma que antes. Su dulzura se tornó de otro estilo. Me acercaba a ella en las tardes... ella me miraba con ojos tiernos y ya no me decía: "ven hijo de mi corazón" sino "Jesús tierno, siéntate a mis pies". Y lo hacía con un gusto enorme...me sentaba en el piso y buscaba sus manos. Ella se zafaba e inmediatamente me acariciaba los cabellos...quedaba callada.
Intentaba buscar dónde se le había perdido aquél niño que corría furioso a sus brazos, que recorría con sus dedos sus cejas, que acariciaba con sus pequeñas manos su rostro que seguía siendo hermoso...casi sin decirlo, ella sentía que me perdía, porque era ya un hombre...debía ser el joven respetable de la familia, ya que José estaba ya anciano. Sentía que reclamaba de mi ese hombre fuerte para acompañarla aunque desde pequeña, mis abuelos la educaron para ser fuerte aún en la soledad.
¡Ah, madre, cuántos beneficios de tu amor! contigo la dulzura humana, los abrazos y los besos se tornaban el cielo de mi Padre Dios...deseaba estar con ella, pero sus actitudes me impulsaban a una vida de adultos...pero eso sí, no perdíamos las tardes para encontrarnos en el silencio del corazón, los tres: mi Padre Dios, mi Madre y yo.
A esta edad ya no me encontraba con mis amigos. Todos estaban ocupados: unos atendiendo animales y bestias; otros en el campo, atendiendo las siembras y los trabajadores; otros se habían hecho al negocio del vino y yo, tal como me lo enseñó José, atendía el taller...doy gracias a Abbá mi Padrecito, porque José fue un ejemplo de bondad, paciencia, humildad y entrega en la familia. Fue bendecido por Yahvé para ser fuerte cayado en nuestra familia. Ahora ya, casi solo, yo tenía que recibir las demandas de trabajo de los vecinos que siempre necesitaban de muebles y piezas de madera, o de otro modo, me buscaban para arreglar a domicilio cualquiera de las cosas que se dañaban por culpa de la polilla...

¿Que si tenía tiempo para el amor me preguntas? Ja, ja, ja ya te cuento...
Me da risa porque ahora que me acuerdo, estando yo en el taller y ante la ausencia de José, que ya estaba postrado en cama, muchas de las muchachas de alrededor venían escondidas hasta las ventanas y en silencio, se ponían a mirarme como si fuera un espectáculo trabajar en la madera...
Me daba cuenta que estaban allí por dos cosas: Mi madre, consintiendo eso, se quedaba mirando, escondida y me hacía señas de que ellas estaban allí...la otra forma es que cuando ya no aguantaban más, una de ella, hermosa como siempre, se reía de forma maliciosa y cuando veía a ellas, me remedaban en el trabajo mostrando que tenía grandes músculos...
¡El amor sí...carnal!...necesario para compartir la vida pero no es todo...mi vida dio un vuelco mayor...y te lo voy a explicar. aunque estas palabras no lo dicen todo...
Por supuesto que la belleza de las mujeres, sobre todo las de Nazareth, era notoria...Mariam, Betzabeth, Iris, Dèbora, Ruth, tantas chicas...amigas todas...cada una tenía una belleza particular. con ella nos intentaban "seducir" si así se puede decir, a los que gozábamos su edad...éramos un grupo bello...Séfora era mi preferida...tan alta como yo, ágil como mucho de nosotros...ella robó mis amores juveniles porque nos retaba a los varones, a espalda de los mayores...nos decía que la historia de Israel, aunque estaba escrita por hombres, la habían hecho las mujeres...nos insistía en aquellas gestas de tiempos antiguos...tantas mujeres que habían apostado por la historia de Israel y por el Mesías de Dios...la esposa de Moisés; unas cuantas jueces de Israel, Ruth, Judith, la madre de los macabeos...¡era cierto! mi Padre Dios había guiado la historia del pueblo entretelones y su actuación estaba vedada a las mujeres de Israel.
Séfora era preciosa, muy bien proporcionada. Inteligente y despierta, tenía además una voz sorprendente...para hacerse notar, entraba cantando a la casa y con el pretexto de hablar con mi madre, se escapaba al taller donde yo estaba.,,preguntaba muchas cosas mientras colocaba flores en un jarrón para adornar el taller de José; decía preguntas como: "Jeshua, eres zurdo? No? Por Yahvé! De seguro que debes ver el mundo de ese lado. (Nunca entendí qué quería decir con eso); "Jeshua"Qué cosas preferidas te gustan en las comidas? dime Jeshua, en qué te consentía y te consiente tu madre?" y otras tantas.
Compartíamos juntos y María mi madre se acercaba al taller y se quedaba callada, aunque era cómplice de Séfora en las cosas que hacía.
La parte triste de la historia fue la siguiente: su hermano y mi amigo Santiago, golpeó a un soldado romano y lo dejó medio muerto en la calle...es raro, porque el soldado estaba ebrio y solo. Santiago lo golpeó muy fuerte y entre gritos, le dijo que se fueran del pueblo escogido por Dios...que ningún soldado debería violar la tierra santa que pertenecía a Yahvé...Santiago huyó...
Al día siguiente, con un piquete de soldados romanos, se supo la noticia de que el soldado había sido encontrado apuñaleado...el papá de Séfora, aquella misma tarde del hecho, por miedo, la mandó con su madre y el resto de sus hijas a las montañas...desde aquella vez no la vi...algunos cuantos de nosotros fuimos golpeados para descubrir la verdad...supimos posteriormente qué había pasado: fueron unos zelotas que estaban de visita en el pueblo y viendo aquella golpiza, aprovecharon para matar al soldado...
tuvimos que presenciar la flagelación que le propinaron a Santiago. Algunos cuantos de nosotros reclamamos, pero inmediatamente, un piquete de soldados, cerraron filas y blandieron las espadas a nivel de su pecho, esperando la orden del decurión de guardia para maltratarnos una vez más.

Capítulo VIII. Mis secretos para ti. Semana del 18 Febrero al 25 febrero 2009


¿Tienes amigos? ¡De seguro los tienes!...te puedo decir que la adolescencia y la juventud me apasionan cuando las recuerdo...!son años intensos de vida!... de seguro muchos te dirán que no hay que desperdiciar esos años que regala la vida. ¡Estoy de acuerdo! Estoy seguro: mi Padre no se equivocó al poner mucha intensidad en la vida del hombre...en este tiempo y más ahora, comprendo la belleza de la criatura creada: el hombre debe reproducir con pasión todo el fuego que lleva dentro de sí...eso que llamamos sentimientos, deben ser expresados en su máxima intensidad...te voy a explicar cosas que suceden ayer y hoy...
Entre los catorce y dieciocho años, la juventud en nuestro pueblo estaba por todos lados...me parece que mi grupo y yo existíamos en este planeta...eran muy pocos a los ancianos que veíamos; hasta a nuestros padres los veíamos como jóvenes y en especial a mi madre María...¡Uff! ¡Tenía 29 años y a pesar de que la respetaban, hasta mis amigos cercanos la miraban, resaltando su belleza y la dulzura con que amaba a José!
En esa adolescencia y juventud competíamos en fuerza...a cada rato nos tirábamos los varones en la calle pretendiendo golpearnos y ver quién era más fuerte; otras veces jugábamos lo que juegan en muchos pueblos: montarnos encima de otros a ver quien soporta "el pilón" y en otros casos, hacíamos carreras largas para ver quién tenía resistencia...
Otro de nuestros juegos favoritos era hacer carreras de carretas humanas. En pareja, nos agarrábamos por los pies y uno de nosotros, con las manos, intentaba llegar lo más rápido posible a donde estaba la meta fijada con anterioridad por otro o por las chicas ¡Qué fuerza respiraba la vida!. ¡Nos matábamos queriendo vivir!.
Todo era sano...te confieso que algunas veces mis amigos me veían fuerte, porque mis músculos se habían desarrollado en el taller. Cargaba madera de aquí para allá y hacía fuerza serruchando o cargando piezas de hierro que iban incrustadas en los muebles de madera que hacía José...eso sin contar con que las madres de nuestro pueblo nos llamaban, previo permiso de nuestras madres, para ayudar a colocar cualquier cosa pesada en su sitio o alzar una carreta para arreglarle las ruedas...
¡Ah! y cuando teníamos que ir al campo a "azotar" los olivos para descargar las aceitunas...nos poníamos muy serios los varones mientras las chicas se movían graciosamente, alzando las cestas y sus vestidos, llevándose toda la carga de aceitunas a las casas o carretas. !Pero eso sí! al terminar nuestro trabajo, no sé por qué nos daba como niños para usar las varas que teníamos y empezar a luchar como si fueran espadas. Caíamos como niños, cuando uno u otro nos "atravesaba" con las armas y nos "hacíamos los muertos". Nuestras madres y las chicas al principio, nos decían "niños" pero ya estaban preparadas para la lucha, al final de la jornada. Total que todo era risa que nos llevaba lentamente a tirarnos todos juntos en el piso para descansar.
El tiempo de almuerzo era una fiesta. ¡Bueno! nuestras madres habían llevado cosas en cantidad para comer. Nos decían que comíamos más que una bestia que había pasado días en el desierto...Fanuel, hijo de Ruth y Absalón, era uno de mis amigos; era grueso como yo y comía en cantidades...se estaba poniendo muy fuerte...yo me le lanzaba al final de la tarde en las espaldas para que me cargara como si fuera "el burrito", mi burrito. algunas veces, cuando intentaba bajarme, me sostenía una pierna y me tumbaba al suelo y después de llenarme de tierra, me hacía cosquillas y me halaba el cabello que ya lo teníamos largo... yo lo agarraba por los brazos e intentando con una llave de lucha, lo tumbaba al suelo y también le hacía unas cuantas maldades que a la final, lo hacía sentir feliz.
Qué otras maldades hacíamos? !Imagínate! en ese gran terreno de olivares había semillas de olivo y a alguno de mis amigos, se le ocurría gritar !Guerra! Al instante, quien no estuviera atento, recibía la mayor cantidad de golpes de aceitunas podridas que después, eran motivo de regaño de nuestras madres. Las manchas, entre verde y grasa, eran muy comunes.
Recuerdo también otro amigo...se llamaba Leví...vivía como a un kilómetro de la casa pero se la pasaba mucho tiempo en la casa de su tía Mariam...a pesar de ser fuerte, algo pasaba con sus pulmones...se cansaba muchas veces y perdía la respiración cuando bajaba la temperatura...Josè mi padre, se apiadaba de él y a escondidas, le preparaba vino caliente y con aceite le daba a tomar, y al terminar Leví, le permitía que le golpeara la espalda en forma de masaje, para calmarle su falta de respiración...eso lo reconfortaba...descubrí que José lo hacía porque tenía un hermano que murió joven. Mi abuelo, me contaba, hacía ésto mismo y lo ayudaba mucho...sobre todo cuando el serrín de la madera le causa estragos al respirar.

¿Travesuras? ¡Claro que hacíamos! déjame contarte...

Me acuerdo de una vez que estábamos haciendo competencia de pesas...la pesa era una de las carretas que se iba cargando con aceitunas...Gerson, Benjamin, Leví, Santiago, Judas, Fanuel, José, Neftalí y mi persona, nos colocábamos en los transversales de donde se ataba la carreta a las bestias. Todos íbamos pasando uno a uno y una de las chicas, Raquel, que siempre se la pasaba con nosotros - siempre que no la veían sus padres - medía la altura...pero !no faltó mi amigo Fanuel! se paró delante de los transversales, echó un grito y alzó hasta donde pudo, con la mala suerte que la carga se fue para atrás y se cayó todo al piso...!Salimos corriendo!
Otra vez, haciendo el juego de lo que hoy llaman "cero contra pulsero", estábamos saltando. Tocaba mi turno y cuando salto, lo hago con tanta fuerza que me llevé por delante a una de la chica...Isabel...le caí encima y quedamos cara a cara en el suelo...!Claro! el peso mío era de unos cuantos kilos. Ella se puso roja, avergonzada...los muchachos al verme, se rieron y me empezaron a silbar como queriendo decir que estábamos enamorados. yo salté del susto, porque en primer lugar pensé que le había hecho daño; habían piedras en el suelo. Pero también pensé en su papá que tenía buena contextura y podía darme una tunda, pero la cosa no pasó de un susto.

Tengo otras historias pero lo dejamos para el próximo capítulo...

Capítulo VII. Mi vida cambió. Del 10 de Febrero al 17 de Febrero de 2009

Llegamos a Nazareth unos cuantos días después. Estábamos cansados todos. Oímos como siempre, que los soldados romanos habían hecho graves daños en algunas ciudades como Dorsia, Pel-lá, Lida. Bajo el pretexto de cobrar impuestos, saquearon las ciudades, mataron unos cuantos hombres que defendieron el honor de sus mujeres. Muchos en Nazareth clamaban a Abbá por justicia y pedían ya al Mesías. Unos decían que aún no llegaban, otros que sí estaba aquí pero no era el momento. Algo en el corazón me daba vuelta y se conturbaba a pesar de que yo era un pequeño adolescente.
Lo cierto es que poco a poco se fueron callando las cosas exteriores. Parecía sordo y sólo oía una voz en mi interior que pronunciaba mi nombre: ¡Joshua! ¡Hijo! ¡Joshua! algunas veces me repetía si no había heredado eso de mi madre...José se quejaba de que mi madre padecía de mudez y aislamiento. Yo también necesitaba del silencio y quería estar sólo...era un reclamo que salía de aquí dentro de mi pecho...algo lo llenaba...muchas veces era interrumpido por mis amigos que entraban a la casa gritando y haciendo como en un asalto...se metían con mi madre puesto que ella los recibía con amor profundo, luego saltaban hacia el taller de José para enterarse de las cosas bellas que salían de sus manos y por último, me encontraban sólo y entraban en silencio para terminar asustándome con sus gritos. Muchas veces me sacaban a empujones o me alzaban en los brazos y me sacaban de la casa...mi madre gritaba de miedo y siempre me veía en el piso pero ellos nunca me dejaron caer.
!Algo pasaba, de seguro! Algo me pasaba y si te lo digo ahora es porque después de mucho tiempo puedo expresarlo con libertad: el amor de Dios mi Padre, crecía con una raíz interna dentro de mi ser, que cada vez más sentía su fuerza y su ruido. Ya no era solo mi voz sino un deseo irreprimible de aislarme del mundo para encontrarme con él. Cuando presentía que me veían, salía por la puerta trasera de la casa y me iba alejando cada vez más, hacia los olivares que había cerca, otras veces más allá, hacia las cuevas que conocía y que servían para pasar la soledad y el silencio.

Desahogar mi corazón, sentir una alegría tan profunda, saltar en alabanza era para mi algo tan necesario como respirar, alimentarme...mi madre me veía, me espiaba...se alegraba y a la vez se estremecía por todo lo que iba viviendo...ella esperaba una vida normal, muchacho corriendo, buscando parejas, mostrando mi cuerpo y mis cualidades...pero ella ya lo sabía porque conocía mi cuerpo, mis músculos crecer en el taller, mi voz cambiar en fuerte y firme, aunque ella decía que era suave como aquella voz que oyó hace ya catorce años...
Sí, amigo...la voz de mi Padre...también voz firme y dulce...voz que me pedía entregarme a él y servirle...
Quizá esta es la necesidad de cada pueblo, cada persona en este tiempo...pero ya sabes, es necesaria la capacidad para oir, abrir el corazón, estar bierto a esa presencia...no llega en forma de magia...mi Padre está allí donde un ser se abre al infinito...que intenta descubrir su voluntad...

Capítulo VI. Mi "pérdida" en Jerusalén. Del 02 de Febrero al 09. 2009


...Recuerdo que en ese tiempo el grupo de adolescentes, teníamos 13 - 14 años. Unos cuantos nos conocíamos porque veníamos del pueblo de Nazareth, otros venían del norte y del sur de Israel...
Jerusalén, a mi edad, era portentosa...los griegos y romaanos han hecho mella en nuestros templos, palacios y en nuestra gente...sus abusos han sido constantes y efectivos para que muchos se desvíen del amor de mi Padre pero muchos por temor a Dios, se han mantenido firmes en la Fe que recibimos de nuestros padres. Es difícil la vida de entrega y santidad donde se ve la opresión, el abuso, la injusticia, el poder ciego...ellos no tienen la autoridad. Israel cree en esa presencia de mi Padre a pesar de los problemas...
Llegado el día, nuestros padres nos llevaban al templo...éramos más de trescientos por lo que oía de los sacerdotes que nos recibían en la entrada...nos iban discriminando por los maestros rabinos que nos habían adoctrinado...las escuelas que ellos habían creado hacía que la enseñanza en la Torah fuera efectiva.
Entramos a la gran sala de celebración de las fiestas. Allí había otros sacerdotes con otros atuendos...tenían un estricto orden y nosotros en ese momento éramos los protagonistas...buscaron los kippás y talit que nuestras madres habían tejido...aunque ya los había visto antes, ahora los coloridos parecían hermosos por demás...estábamos alusinados porque nos iban a dar esas vestimentas que usaríamos en el culto y además, nos darían responsabilidades...me da risa porque nuestras voces en esa edad estaban cambiando...María, mi madre, se burlaba de vez en cuando por mi voz y aprovechaba la ocasión para besarme con dulzura y decirme: "Dios te bendiga mi hombre"...¡Oh María, la mujer que Dios me dio por madre...! no sólo su figura, sino la dulzura que destilaba de sus manos al acariciarme me daba la seguridad de que Abbá, mi Padre, no se había equivocado al escogerla entre todas las mujeres...

Después de una larga ceremonia en la que mi cuerpo se estremecía con cada oración de salmos, de lecturas, de invocaciones, los rabinos y sacerdotes del templo nos recibieron con gran alegría. Ya éramos "adultos" en la fe. Nos llevaron a otra sala del templo para que las mujeres, nuestras madres, nos pudieran felicitar y nuestros padres, pudieran animarnos. En ese día despediríamos los pocos gestos de amor que nos daban "los varones" de nuestro pueblo. Ya tendríamos, no solo capacidad para ser protagonistas de las ceremonias, sino también para sumir los compromisos con las mujeres israelitas...ellas serían las futuras parejas de los matrimonios...
Yo recuerdo que en aquella ocasión me alejé hacia el santuario. Allí estaban varios maestros de la ley. Conversaban de los mismos temas que preocupaban al pueblo de Israel: el imperio romano que se extendía por nuestra tierra y la llegada del Mesías para la liberación defifnitiva. Herodes era fuertemente criticado por alinearse de parte del imperio para recibir los beneficios de la alianza. Se alargó la conversación y yo, aprovechando el hecho de ser adulto, comencé a conversar con ellos acerca de las cosas de mi Padre. Recuerdo que se sentía un gran silencio sin contar nuestras voces.
Perdiendo la noción del tiempo, mis padres se acercaron. Estaban muy preocupados. Caí en la cuenta de que los tenía angustiados por mi ausencia...José invitó a mi madre a hablar conmigo...él se veía muy molesto; quizá por eso no intervino. Me preguntó: "Hijo, ¿por qué nos haces ésto?" "¿Qué madre" le pregunté...ella me respondió un poco molesta..."Te hemos estado buscando todo este tiempo. José y otros cuantos más hemos preguntado por todos lados." La miré con cariño y le dije: "Madre, no sabías que tengo que ocuparme de las cosas de mi Padre"...
ví cómo José bajaba la cabeza comprendiendo que desde ese momento mi relación con él, sin perder el respeto, se iría enfriando un poco más...él comprendió su trabajo conmigo como terminado, pero siguió siendo fiel, entregado, callado y piadoso. María, mi madre, por su parte, hizo silencio, bajó la cabeza, se le salieron unas cuantas lágrimas y me pasó su mano izquierda por mis hombros para animarme a seguirla...me voltee hacia los rabinos y con la mirada, les dije adiós y agradeciendo por compartir aquellas enseñanzas de las cuales yo era el primer interesado porque me acercaba a Dios mi Padre.
Al salir de la ciudad, estaban las bestias esperándonos con los guías y mis otros familiares que también se retrasaron...

Capítulo V. Más recuerdos de la Infancia. Del 26 de Enero al 01 de Febrero de 2009


...Pues como te iba diciendo, esos recuerdos de la infancia llenaban mucho...
Conforme fueron pasando los años en los que ya casi era un "chico formal", fue aumentando mi "experiencia de Dios". Me dirás que no es posible tener una experiendia de Dios a temprana edad, pero recuerda que soy judío; nos iban metiendo poco a poco al misterio de Dios, mi Padre. Ahí sí que no me daba oportunidad de pensar en juegos pues las cosas que nos enseñaban los maestros de la ley eran tan interesante para mi que poco a poco me "robaban" mi infancia.
Entre otros maestros estaban Zaquías y Leví. Aunque yo tenía buena estatura para mi edad, tenía que verlos hacia arriba y sólo me "igualaba" a ellos cuando nos sentábamos en esos sillones y mesones que por cierto, algunos fueron hechos por mi padre José. Al pricipio, cuando entré, se sentía un silencio sepulcral. Hasta los bibliotecarios se dirigían a los maestros en voz baja, cuando manipulaban los textos que, eran rollos que deambulaban de aquí para allá.
Era un salón adosado a la sinagoga, con cúpula alta y filigranas a una altura de más o menos dos metros. Sus paredes estaban hermosamente pintadas de un verde que se había obtenido de un tipo de plantas de por estos lados. Los dinteles y las jambas de las puertas, así como las mismas puertas, estaban hechas de cedro y adornadas con incrustaciones de marfil. Las mesas de estudio - que anteriormente dije, las trabajó mi padre Jose - eran hermosamente cuidadas, al igual quelas sillas. en el suelo, habían unas grandes alfombras hermosas, en tono de un rojo teja, que hacían disminuir el ruido de la sala que, no era mucho.
Allí nos enseñaban desde el origen del mundo. Los rabinos se empeñaban, a pesar de su edad, de hacernos entender la creación de las cosas en medio de juegos o de grandes gestos que nos emocionaban y nos hacían ver cuán grande era Yahvé. Otro de los temas era la figura de nuestros antepasados Abraham, sus hijos, y la historia de nuestro pueblo...pero, todos estos temas tomaban días y la forma de "evaluarnos" no solo era ver nuestras caras emocionadas, sino prácticas teatrales que demostraban que por lo menos remedábamos a los rabinos en sus gestos.
Pero, algo pasaba en mi interior, como si me elevara...me decía dentro de mi: ¡Ya lo conozco!...¡Conozco todo eso!...no se agitaba nada en mi como si no lo supiera explicar...¡sí lo sabía! ¡lo había vivido!...y a la vez, se producía una alegría en mi...oía mi nombre en silencio "Yeshua"...la voz de mi Padre...no alucinaba...no estaba loco ¿tan pequeño? ¡No! era la voz de mi Padre ¡Abbá! llamándome, procurando tantos vivos recuerdos con él...
Estos rabinos fueron haciendo que yo dejara de jugar con mis compañeros porque mientras los primeros meses de clases jugábamos hasta el cansancio, luego me preguntaban si estaba enfermo o me pasaba algo...les contestaba que no pero me sucedía lo mismo que cuando era niño...me aislaba para disfrutar escenas que se venía a mi mente una y otra vez...el corazón me repetía que las había vivido y de repente - muchas veces - entraba en silencio, en contacto con mi Padre...con él estaba, me sentía muy, muy a gusto...eso me recuerda uno de tantos episodios en mi vida...sin querer, cruzaba los brazos sintiendo su abrazo paternal. era tan cálido todo, que el gusto por quedarme así, duraba mucho tiempo. Los rabinos estaban preocupados.
Más o menos a los trece años, fuimos por el mes de Abril a la capital del reino: Jerusalén. Mi padre José, anciano, me había dicho que ya estaba preparado para iniciarme como "adulto" en la fe...recuerdo además que los rabinos me habían estado preparando en el manejo de los rollos de la Torah y los profetas...
Estando en el gran salón, apartaron a los niños de 12 años para abajo y se los llevaron. Nos dejaron a los que teníamos trece. Después de un rato de silencio, nos explicaron que haríamos una serie de ejercicios rituales, donde nosotros debíamos participar. el rabí Leví nos dijo: "Ustedes serán unos pequeños rabinos en este momento". Yo miré a mis compañeros que como yo, no entendían nada de lo que sucedía. Nos llevaron del salón a la sinagoga. Nos fijamos que estaba cerrada y eso que era temprano.
Nos colocaron en semicírculo, en torno a la mesa donde reposaban los rollos. Los habían sacado. Nos explicaron muy bien lo que debíamos hacer en el rito y cómo leer la Torah. Insistencia en no tocarla, puesto que habría un rabino encargado de desplegar ante nuestra vista el pasaje. el ensayo entonces se enfocó en la lectura de la Torah. Creo que fue un día fructífero.
Volviendo a la realidad de Jerusalén, José me contó que en este tiempo, muchos adolescentes de nuestro pueblo y de otros pueblos irían al templo. Allí, nos acogerían en una de las salas e iniciarían con nosotros el "camino de la adultez" para que podamos estar al servicio de la Torah y de "Yahvé vivo"...José me dijo: "Es un acto hermoso; mira, aquí llevo una carta de los rabinos de Nazareth. No lo vas a olvidar Joshua, no lo olvidarás"...al pronunciar mi nombre, José me volvió a hacer sentir esos recuerdos vivos con Dios, mi Padre.
Llegados a Jerusalen y después de haber descansado, entre tantas, muchas personas, nos fuimos introduciendo en ese gran edificio construido por Salomón...
¡Uf! ¡Tantas historias tiene mi pueblo!

Capítulo IV. Más recuerdos de mi infancia. Del 18 Ene al 25 Ene 2009

Hola...¿Cómo estás?

Quisiera contarte en estos días otros recuerdos de mi infancia. Creo definitivamente, como te he dicho en mis historias anteriores, que esos recuerdos han marcado mi vida. María, mi madre, como muchos de mi pueblo, ha guardado con cariño y con fidelidad muchos hechos familiares, históricos de nuestros pueblos y han alimentado en nosotros muchas esperanzas y nos han dado claridad en la vida.

¡Fíjate! algo que está presente, muy presente en nuestra vida como pueblo, es la presencia de Abbá, mi Padre. A pesar del dolor, la guerra, la dispersión, hemos mantenido una respuesta a él y a la vez, él ha sido fiel. Desde mi juventud, puedo dar testimonio de eso...

La fiesta de Pascoa, Rosh Hashaná, Yom Kippur, Sukot, shmini Azeret, Simjat Torá, Januca, tu' b' shvat, etc son fiestas de gran significación para el pueblo judío.

En el pueblo estaba muy metida la presencia de un Dios vivo. La torah en Deuteronomio, nos mandaba a guardar su ley y cuando preguntáramos qué y por qué había sucedido todo ésto, debíamos recordar que nuestro padre era un arameo errante y que Yahvé nos había rescatado con mano fuerte y brazo extendido.

Pero también, como te dije antes, cuando nuestros padres fueron desterrados, muchos hombres poderosos quisieron hacerle daño al pueblo y Yahvé suscitó hombres y mujeres para rescatar su heredad: no sólo Moisés y Josué, sino Débora, jueza y profetisa. Ester quien, convirtiéndose en Reina por misericordia del Rey Asuero, intercedió a favor de la vida del pueblo judío en contra de Amán, quien odiaba la prosperidad del pueblo.

También Judit se consagró a Yahvé para luchar contra Holofernes y sus huestes y después de una oración, logró deshacer el poder del enemigo.

Menos de 100 años atrás el pueblo luchó valeroso contra los griegos y seléucidas para no dejar que el pueblo se corrompiera en la idolatría y en el pecado, comiendo carne prohibida y otras prácticas opuestas a nuestro pueblo.

De todo ésto, ¿Sabes quiénes éramos los favorecidos? ¡Los niños!. Aunque eran fiestas que celebraban con solemnidad los adultos, los niños aguardábamos con seriedad que nuestros padres terminaran los ritos para romper en alegría y disfrutar de las comidas, aunque en algunas probábamos el significado de lo amargo, sobretodo en la Pascua: las hierbas amargas de Israel pero habían otros signos externos que daban muestra del dolor sufrido a través de los siglos por nuestro pueblo; de todas maneras, todas esas cosas tenían un “algo” que fue marcando mi vida.

Te lo cuento.


María, mi madre y José, mi padre, vivían con mis abuelos las fiestas. Algo serio y vivo se respiraba: yo, pequeño, sentía la presencia de Yahvé, mi Padre y me estremecía, porque esa presencia me llamaba a descubrir su amor; me lo hacía sentir. Poco a poco, sentía que los hilos de mi vida se hinchaban sobremanera porque la intensidad de su presencia era fuerte en mi...de vez en cuando mi madre María, me miraba porque yo me retiraba a un rincón. Al principio creía que estaba enfermo y después comprendía que algo bello pasaba en mi corazón. Cuando controlé el estar apartado, solo, mi cuerpo empezaba a transpirar y parece que hacía las cosas inconscientemente, como si alguien me llevara flotando de aquí para allá. ¡sensación extraña!

María, mi madre, sentía todas estas cosas conmigo. Estaba muy compenetrada conmigo ¿Sabes una cosa? Descubrir esta experiencia me llenaba cada vez más. Mi madre callaba...es lo que siempre oíste de los nuevos escritores: "guardaba esas cosas en su corazón". Se sentía tranquila porque no era enfermedad. Sabía que mi cuerpo bullía en esta necesidad de encontrarme con él, Mi Padre. Esto irá creciendo a lo largo de los años.

De todas maneras, los adultos nos miraban a los varones como el centro y la esperanza del pueblo. Muchos hoy, ven esta cultura un tanto extraña, machista – dicen - porque la mujer quedaba relegada en esto de ser protagonistas de los ritos, pero la comprensión de nuestra raza viene dada por la elección en el varón, desde el primer hombre en la fe, Abraham. Su descendencia pasa de padres a hijos en el varón que asienta la casa. Las mujeres entienden que esta elección alcanza de generación en generación y ellas participan de ésto. Es impensable que la promesa se dé, si en la mujer no descansa esa bendición, puesto que ella es la residencia materna de todo cuanto al hombre es prometido. Es cuestión de enfoque y conceptos.

Como te seguía diciendo, nos invitaban poco a poco a prestar atención a los ritos porque, llegado el momento, nosotros seríamos protagonistas de todo eso y por lo tanto, nos convertiríamos en repetidores de ese memorial ancestral de la presencia divina en Israel. ¡Qué grande era esa verdad!...

Capítulo III. LA ORACIÓN FUE MI CALDO DE CULTIVO. del 18 Dic al 25 Dic 2008


...La oración...fue mi caldo de cultivo...

¡Pues sí! Mi madre y José, muchas veces se quedaban agradeciendo a Dios por tantas maravillas, aunque algunas veces, María lo calmaba cuando él llegaba molesto al oir que los soldados romanos habían entrado con violencia en algún pueblo, habían matado o hecho cosas malas.
Los romanos habían implantado la "pax romana" en todas las provincias que habían dominado. Desde Hispania hasta Persia; casi todo el territorio dejado por alejandro Magno unos cuantos años atrás, era su dominio, pero su paz no era tal, porque a pesar de que dejaban que cada provincia tuviera sus jefes y estructuras políticas y religiosas, nosotros éramos sus esclavos y sometidos y debíamos pagar impuestos tanto a ellos como a los propios jefes de nuestro pueblo. el atropello era feroz.
Recuerdo muchas de sus quejas que eran silenciadas en la oración.
Hablando después de todo, ¿quién dijo que eran los hombres que sabían más del amor de Dios? como en todas las culturas, las mujeres son mujeres especiales, sufridas, las que llevan el peso de la casa y el cuidado de todos los hombres...muchas veces pensé que Dios, mi padre, las había creado para consuelo del hombre...calman todas las tempestadesque hay en el hombre. Parece como si neutralizaran todas las dificultades cuando el hombre se encuentra en angustia, pero este mundo loco, desenfrenado, ha hecho de ellas un objeto de uso...la genitalidad hastía toda forma de relación...
José era un caballero...realmente un Padre...María era su complemento, fuente de diálogo, capacidad de consejo y quizá, un toque de visión clara para aplacar la rabia que lleva el hombre por dentro. En las mujeres, el diálogo y la escucha son dos armas potentes para seguir luchando adelante en la vida y mirarla con más equilibrio.
¡Ah! ¡Los viajes! me encantaba cuando de madrugada teníamos que partir hacia Jerusalén. Nuestro hogar en Nazareth quedaba muy, pero muy lejos de Jerusalén. Estábamos al sur de Galilea. Llegar a la gran capital de nuestras tierras implicaba recorrer toda Samaria y un buen trecho de Judea. Mucho territorio, mucho calor...pero partíamos alegres con buena provisión de pan, de agua y frutos secos. Partíamos por lo general un buen grupo de la familia y conocidos; eso nos alegraba más porque yo corría por todos lados con mis amigos, amigas y mis primos. Cuando teníamos mucho calor, buscábamos la sombra de las bestias al caminar. Eramos pequeños y acercarnos a ellos nos bastaba para que la sombra nos cobijara, pero otras veces nos adelantábamos mucho y en las pequeñas dunas que se formaban, armábamos tal revuelo, tirándonos entre la arena que, para cuando llegaba la caravana, nuestras madres nos llamaban a subirnos a las bestias y sacudirnos para que permaneciéramos limpios. María, mi madre, me decía: : "Evita hacer eso Jeshua. Estás sudando todo y la arena se mete por los oídos, ojos y...!mira cómo tienes el cabello! en el próximo oasis que encontremos, te vsa dar un chapuzón para que te saques toda esa arena". siempre terminaba sus molestias diciendo: "está visto que un muchacho no es gente". José, mi padre, se reía para sí, porque mi madre se preocupaba por todo.
en otra oportunidad, recuerdo que, en el camino, Mi madre María me mandó subir a la bestia con ella y me hablaba de cosas que habían sucedido no hace mucho. Yo tenía solo 11 años.
Me habló de cosas terribles que sucedieron en Belén. Dice que José la llevó con él a este pueblo, porque al emperador se le ocurrió hacer un edicto. Se leyó en todos los pueblos y se proclamó en cada plaza...todos tenían que ir a su sitio natal para ser censados. José se puso nervioso porque años atrás, a nuestros padres los contaron como ovejas y se los llevaron a otras tierras. Muchos de los nuestros no volvieron. Se llevaron lo mejor de la sociedad: a todos los que eran útiles y tenían profesiones en el pueblo; ebanistas, herreros, fundidores, escribanos, príncipes, cortesanos, sacerdotes, etc. . Muchas naciones poderosas hacían con nuestro pueblo lo que querían. no sólo eran los persas; fueronlos griegos, los egipcios y ahora los romanos.
Eran días muy oscuros , fríos...aún así, nosotros fuimos allá...yo me le quedé mirando.
Esa noche, decía ella, no encontraron ninguna posada. Todo estaba lleno, ocupado, y nosotros llegamos al final del día. Nadie, en ningún lugar daba un lugar de reposo para estas dos personas...
José nervioso, tomó las riendas del burro, y bajó por un pequeño cerro y, viendo a un hombre con la lámpara encendida, le preguntó si conocía algún lugar para guarecerse. Sus palabras no fueron muy positivas pero le ofreció una esperanza en medio de esa noche oscura y fría: un establo: lleno de animales, no muy aseado pero era lo único. José, temiendo que el frío arreciara, optó por no buscar más...
María calló por un buen momento...luego siguió: " Naciste tú Jeshua, un parto sin dolor, pero hermoso. No necesité de más luz. Tú eres mi luz...Algunas mujeres que oían, mientras bajábamos, fueron en busca de unas parteras pero llegaron tarde. Tú te le adelantaste.
José, tu padre, se comportó como todo un hombre. Muy asustado, se dejaba guiar por mi cuando le decía que calentara agua y metiera unos trozos de lino y como pudiera, los sacara para limpiarte"...
Unas lágrimas corrieron por su cara mientras yo se las limpiaba con las mangas de mi túnica.
"Para cuando llegaron las parteras, tú ya estabas envuelto en las mantas que yo cargaba y junto a mi pecho... !Oh, Jeshua! eres lo más grande que Yahvé me ha dado". Yo la oía con suma atención pero en un acto inconsciente, ella me abrazó y me atrajo hacia su regazo y sin darse cuenta, hizo que con su calor maternal, yo me durmiera entre sus brazos. No sé si hablaría más, pero lo cierto es que ya habíamos llegado a la gran ciudad.

CAPÍTULO II. HOLA...¿TE ACUERDAS DE MI? SEMANA DEL 10 DIC AL 17 DIC 2008



Hola...¿Te acuerdas de mi?
Te he dejado unos cuantos días para que "rumiaras" mis historias de cuando niño.
Antes, me quedé en las veces que mi madre, por mi "sana torpeza" me echaba de la casa. ¡No podía con tanto! Je, je...las cobijas pesaban mucho para mi y las cosas de mi abuelo...por lo tanto, iba a parar al taller de mi papá José...como te decía, le tenía que gritar para captar su atención...sudado, me veía...
Primero, se aseguraba que yo no iba a agarrar cualquier cosa cortante y segundo, que no fuera a tumbar las maderas que tenía cerca, luego se sacudía el mantel, se sacudía el aserrín de los brazos y me preguntaba qué quería. Mamá decía que muchas veces se me quedaba mirando con dulces ojos y repetía muchas veces la frase "Qué quiere mi Señor que viene a mi humilde taller?"
Con mi habitual ¿ah? de infante inocente que no comprendía sus palabras de adulto, le daba a entender que me sentía aburrido y me colocaba en una silla especial para mi, en la que yo permanecía parado, viendo todo lo que él hacía, pero eso sí, no podía alcanzar nada de lo que tenía en la mesa de trabajo.
¡Era fuerte mi padre!. el vaiven de los brazos, el torso y sus hombres al cargar las pesadas maderas...inclusive cuando los soldados romanos venían a ordenarle un trabajo, se quedaban alejados de él. Siempre me extrañó eso porque mi padre era no sólo popular, sino que era muy amable y cercano para con todos. Era mi ejemplo para ser "popular". No habia nadie que no lo saludara. Hasta mis amigos, cuando se acercaban al taller, llegaban corriendo para buscarme a jugar, pero se dejaban seducir por el trabajo y la destreza con que mi padre hacía de la madera, una hermosa pieza.
Con un !Hola, maestro José! se paraban de golpe para entrar más lentamente y acercarse a su mesa de trabajo y ver con qué destreza sacaba tacos de madera para ser empatados en otras piezas, hasta lograr una mesa o cualquier otro mueble. Muy pocas piezas de hierro incrustaba josé en sus obras de arte.
Total que entre mi padre y mi madre, sin contar mis abuelos, estaba orgulloso.
Hay otra cosa que tengo que contarte: las veces que José, cansado, se tiraba a los brazos de mi madre. La abrazaba; se abrazaban...sus miradas eran dulces. !Se amaban! No necesitaban más que alejarse un poco de mi y hablar en voz baja...¿hablaban de amor? ¡Sí, ya lo creo! porque al rato, mi madre metía sus manos en su propio regazo en señal de oración y José se tiraba al piso y recostaba su cabeza entre las piernas de mi mamá. Se quedaban un rato en silencio, aunque ella, María, siempre proclamaba lo grande que era Dios con ellos y con nosotros...
¡Yahvé! resonaba como algo que me hacía temblar...me gutaban esas palabras que decían - y me recuerdo con mucho cariño -: "Señor, Dios de nuestros padres, que te has dignado bendecirnos con una familia, mirando nuestra debilidad. Te damos gracias por generaciones sin fin, porque has fijado tus ojos en estos humildes siervos...gracias por el fruto de mi vientre...obra tuya es. Alabado seas Yahvé, nuestro Dios. Gracias por nuestro ser. Tú sabes por qué nos has escogido en esta empresa de amar, cuidar y enseñar a tu Hijo. Gracias por José, Yahvé."- y le acariciaba el cabello, sudado del trabajo del día; su pecho, fuerte y con calma respiración. - "Guíalo con tu mano fuerte como Padre, porque tú eres Padre, maestro, guía, protector. Dale de tu sabiduría para enseñar lo que quieres a Jeshua y a mi, Yahvé, tu humilde sierva y esclava, consérvame en tu fidelidad y servicio. Que mis manos muestren siempre tu ternura y tu bondad a la hermosa criatura que has puesto en nuestros brazos...cumple Yahvé; cumple tu voluntad en nosotros siempre, sin apartarte jamás. Amén.
¡Qué llenura! mi alma se iba identificando con el Padre en el cielo...

En el próximo capítulo hablaremos más...Abbá te bendiga...

CAPÍTULO I. ¿ALGUNA VEZ TE HAS PREGUNTADO POR MI? SEMANA DEL 03 DIC AL 10 DIC 2008

¿Alguna vez te has preguntado por mi?

¡Hola! Soy Jesús...Jesús de Nazareth...muchos me conocen como el Hijo de José y María.
Nací en un pueblo, !ya sabes!, de esta gran tierra en conflicto - hasta hoy en día -. Belén...¡Su brisa!, ¡sus campos!, ¡sus animales! ¡Todo!...!qué delicia compartir este terruño con tantos paisanos! pero eso fue cuando yo era niño. Era la tierra de José, porque él pertenecía a la descendencia de David. Pero no éramos solamente tres; los hijos del primer matrimonio, (de José), trece en total, fueron alojados en la casa de sus familiares. Ya ellos sabían la ubicación de las casas porque no era la primera vez que venían. El problema era mi madre y yo, por nacer, representábamos cierto problema para mi padre...
Cómo surgió este viaje? Desde Roma se decretó un edicto, pues el imperio necesitaba saber cuántos habitantes existían en las provincias por ellos dominada. El temor por la sublevación y por el número de los hombres que se alzaran en armas, era una cuestión de estrategia política y social, sin contar con el elemento monetario, puesto que cada familia, representaba un impuesto a recibir, no importa el grado de pobreza de las provincias.
Allí, en Belén, mi madre me trajo al mundo, al calor de animales; en el frío intenso de una noche, mientras mi Padre José estaba preocupado porque mi madre y yo estuviéramos bien, a pesar de que no conseguimos un mejor lugar. Había mucha gente en el pueblo y por nada del mundo un posadero, se le ocurriría dar alojamiento a una pareja, cuya mujer estaba a punto de parir. En un bajo del pueblo, casi a la salida, allí, había un pesebre. Conseguimos alojarnos y pasar la noche; estábamos compartiendo espacio con los animales en un establo.
Mirando entre los pueblos del mundo, me da la impresión que nada ha cambiado puesto que hay peores lugares para vivir y nacer...!eso lo sé!
Después de ese ajetreo, hubo "un exilio forzado". Según contaba José alguna vez en mi infancia, a modo de anécdota, mientras yo era recién nacido, emparejó el burro y montó a mi madre en él. Ella me llevaba en brazos y tras un largo, duro, lleno de tierra y polvo; al acecho de los caravaneros ladrones y otros que se aprovechaban de los viajeros, tomó rumbo en dirección sur, hacia Egipto. insistía mucho en sus cuentos, que el rey Herodes se había vuelto loco y en los pocos días en Belén, oyeron la noticia de que había mandado a matar a los niños menores de dos años. cuando contaba estas cosas sudabamucho, porque en aquel momento, yo estaba en peligro. Así que no fue placentero el viaje por lo largo, y porque íbamos camino a la nada. No teníamos más que neustras vidas y una muda de ropa para ellos.
en Egipto, José siempre pudo conseguir a algunos judíos que tenían tiempo viviendo en esas tierras, así que una buena mujer llamada Abigaíl, que poseía una casa muy grande, nos dio alojamiento casi en un ala que parecía una casa independiente !Hasta tenía puerta a la calle! José prometió conseguir trabajo en cuanto pudo, como ayudante de algunos carpinterios en el pueblo, pero ya pronto empezó a hacer algunos cuantos trabajos a domicilio y se ganó el parecio de unas cuantas personas. Por fin logró reunir algún dinero y le pagó el alquiler a la buena mujer Abigaíl y el resto, se lo dió a María, mi madre, para que lo guardara y administrara.
Ahí transcurren unos cuantos años, alegres por cierto. Mi madre había hecho bastantes amigas y se entretenía llevándome de aquí para allá.
Había como dije, muchas familias judías, así que había niños por todas partes. Mi madre dice, me dejaba en una especie de patio donde jugábamos loa más pequeños, a la mirada de las madres. Los papás habían hecho el esfuerzo de hacernos juguetes o comprarlos; !cuántos no hizo José, hombre santo, como potros de madera; caballos con ruedas; espadas; o en sitios fijos, lograba atar unas sogas con paños bien tejidos y reforzados para hacer columpios. !La infancia era muy deliciosa! fueron años especiales hasta quese corrió la noticia de que el peligro había pasado.
Tras un largo trajinar, volvimos a Nazaret, otro pueblito, como muchos en África y América, gastados por la política, el hambre, la pobreza, suciedad, descuido...todo ésto me es familiar, aún hoy en día...allí encontramos a mis abuelos maternos...¡Siempre los abuelos! son el mejor recurso en nuestra niñez para andar libres como en los brazos de mi Padre...
Nazaret para mi es escuela...ellos, esos ancianos: joaquín y Ana; José y mi madre María, al comenzar el día, al mediodía, en la tarde y en la noche, más aún pasada la media noche, me recogían entre sus piernas y me iban pasando de regazo en regazo, mientras fluían los salmos y las alabanzas de ABBA, papito Dios...
¡Recuerdo estos días de mi infancia con especial devoción! era una dulzura y una seriedad, ver cómo mis abuelos y mis padres se dirigían a Yahvé mi Padre con las palabras que desde siglos atrás, el pueblo usaba para reconocer a Dios presente. !Qué solemnidad la de las oraciones! el templo de Dios estaba aquí y su presencia se sentía con intensidad. El repaso de los salmos; el memorial siempre vivo de las grandes hazañas de Yahvé en nuestra vida y nuestro pueblo, su Palabra siempre viva y actuante...era un cosquilleo por todo mi cuerpo, aún de pequeño. Algo decía que Abbá me mimaba y que sus palabras eran mis palabras.
También en Nazaret fue escuela de orden, de hogar, de calor...consciente de mi debilidad, correteaba del patio, al cuarto, a la calle, al taller de José...veía a mi madre en las mañanas limpiar la casa...me llamaba siempre para tender las camas y arreglar los cuartos...en muchas oportunidades le pedía con gusto las cosas de mi abuelo para llevárselas...se molestaba cuando se me caían pero siempre veía a mi abuelo reirse de mi torpeza...otras veces lograba mantener el pequeño bulto entre mis brazos pero a la final, una de sus camisas llegaba arrastrando hasta su cuarto y volverse marrón del sucio...mi madre entonces me daba una suave nalgada y me mandaba para el patio a jugar con los demás amiguitos...
¿Qué te digo de mi abuela?: de vez en cuando ella decía: "¡Jesús! Para dónde vas? Ven acá, ven acá... ¡No se te ocurra entrar en la cocina! el fogón está encendido y te puedes quemar...anda a ver qué quiere tu papá...>>
Papá José...
Lo tenía que descubrir entre un montón de acerrin y captaba su atención después que le gritaba su nombre, porque no me oía de lo atento que estaba en su trabajo...eso, sin contar con el ruido de las herramientas sobre la madera...¡Qué bien trabajaba! ¡Quiero ser carpintero como él cuando sea grande! Eso pensaba yo cuando pequeño. quería ser carpintero sobre todo, para hacer bastantes juguetes y disfrutar con mis amigos y con todos los juguetes que yo pudiera hacer con mis manos...Ser carpintero como lo era él, además de no ser una cosa fácil, era un arte. Trabajar la madera y conseguir diseños de flores y filigranas, era una tarea de sumo arte y él lo conseguía. A muchas familias les gustaba su trabajo y en especial, los diseños queconseguía. eran cosas aprendidas de los carpinterios de Egipto cuando estuvo trabajando a su lado...

¿Cansado?
En próximo capítulo te cuento más cosas...